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Erika

Hija de Gregorio Samsa de Kafka

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BITÁCORA DE VIAJE:

 

 

 

Qué tiene esta Tribu que no me deja partir ni detenerme?

 

Qué tiene esta mirada limpia, esa distancia cercana, el elevarse de los cuerpos y  las almas que me llaman cuando me alejo, cuando necesito descansar de tanto viaje, de venir caminando sin cesar por tanto tiempo?

 

Algo del aire que comparten, del polvo que les oscurece la planta de los pies, me llama a volver una y otra vez. Cruzar la ciudad, cuando el verano quema las aceras y entrecierra los párpados. ¿Será  porque el corazón les está  creciendo  sin notarlo en un canto común?

 

Aún no sé ponerle nombre a todos, aún nombro algunos por países. Pero  me buscan en los rincones de la casa, me iluminan los días, me asaltan tras el lente de la cámara, en los diarios,  se escurren en las sombras de la tarde, en las oficinas. Escucho su  latido, su  tierra ,  que repite   un susurro que Magdalena y yo sentimos en el pulso:  “ vuelve, vuelve, no te alejes, vuelve”.

 

 

 

Hoy , pasadas tres semanas, son  un sendero , un camino con corazón que  golpea mis entrañas “ vuelve, vuelve, no te alejes, vuelve” escucho  entre los árboles, en el agua del jardín , en la madrugada, que no me deja dormir, en el abrazo de Pamela que me pide seguir.

 

 Volver es tocar la tierra junto a ellos  con las manos, las espaldas, las alas de los pies. Reír con todo el cuerpo.

 

Volver es cruzar  juntos el desierto del Paseo Ahumada, tras el holocausto de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, la última  Danza Butoh , desde  su poesía primigenia que camina hacia la oscuridad.

 

Volver es convertirse en estatuas vivas, manejadas por Simón con maestría. Es querer cabalgar el aire  entre  las telas y el Trapecio. Soñar con  subir a los zancos que construyó Aitor en un abrazo entretejido  entre cuarenta    pulsando a la vez.

 

 Volver es querer que el tiempo se detenga y no mate a la madre  de Erika con un disparo definitivo de luz.

 

Los añoro. Mi cuerpo tiembla golpeado, aturdido después de  que todos esos  cuerpos rodaron sobre mi espalda, después de convertirme en un trompo comandado por Liezbeht Paris,  Mimo, Holandesa, alta de alma,  de la cabeza a los pies,  alumna de Marcel Marceau .

 

 Después de la risa compartida, Intento adaptarme cada vez que el dolor  se calma.  Me  alcanza el asombro  al saltar a la pantomima de crear, desde la nada, un laberinto hecho de manos aprisionando el aire, mientras Liebzbeth intenta dejar registrado en nuestros cuerpos cuatro años de estudio, en cuatro horas.  Este es un día cualquiera  en la Alquimia Poética de un  Circo Teatro chileno, alemán, español, ecuatoriano, colombiano, argentino y francés.

 

                                                                                  Mónica de Pablo